UNA TERCERA GUERRA MUNDIAL SIGILOSA Y CAMUFLADA

Mohamed Doggui

Espero no pecar de pesimista ni ser tachado de tremendista, o de incompetente por los entendidos en Política y en Historia, al afirmar que nuestro planeta ya está sumido en una Tercera Guerra Mundial, o, al menos, empieza a cruzar su umbral. No obstante, contrariamente a las dos anteriores, la actual tiene unas características peculiares que hacen que pase desapercibida a la opinión pública internacional.

Por un lado, el conflicto actual no tiene un carácter global, sino, más bien, fragmentado. Es una guerra “combatida por partes” ha afirmado, hace unos meses, el Papa Francisco. Como se está desarrollando “a trozos”, “a capítulos”, uno no se percata de su verdadera magnitud. Pero, sin contar los demás daños, si uno se pusiera a contabilizar a las víctimas mortales de todas las contiendas bélicas actuales, la cifra alcanzaría varios centenares de miles.

Por otro lado, entre los escenarios donde tiene lugar dicho conflicto mundial, esta vez no figuran los países avanzados, sino, exclusivamente, los tercermundistas. Ello hace que los ciudadanos del primer mundo no vivan en carne propia los horrores bélicos, sino que, simplemente, se estremezcan al ver las fotos y las imágenes que ilustran las noticias internacionales correspondientes, aunque, para no herir sobremanera su sensibilidad, se las ofrecen siempre minuciosamente “cribadas”. Así, dichos conflictos son sentidos por el ciudadano de a pie como peleas ajenas, que ocurren en casas de los vecinos y que, aunque son desagradables, no tienen mucha trascendencia mientras uno tenga la suya bien guardada.

En cambio, la población civil de muchos países pobres vive realmente aterrada debido a unos conflictos fratricidas, territoriales, étnicos e interconfesionales que, en el fondo, no son más que episodios, simultáneos o sucesivos, de una misma guerra internacional, no declarada, entre las superpotencias del planeta. Los respectivos intereses económicos y geoestratégicos de estas últimas han alcanzado un grado de antagonismo tan elevado que ha hecho inevitable el enfrentamiento bélico entre ellas.

Pero, contrariamente a lo sucedido en 1914 y 1939, esta vez, los rivales han optado por preservar sus territorios y librar la batalla únicamente en campos ajenos, a saber, los de los países vulnerables, cuyos bienes están codiciando y disputando como hienas y buitres. Por otro lado, han decidido que sus respectivos soldados no estuvieran en la línea de fuego, sino, solamente, en la retaguardia. Es una especie de una larga partida de ajedrez no convencional, en la que las piezas son movidas a distancia y en la que las trampas forman parte de las reglas del juego.

Así, esta vez, los únicos que deben pagar los platos rotos son los países “subalternos”. Aparte de las pérdidas humanas, ya cuentan con muchos millones de afectados, entre mutilados, huérfanos, desplazados, etc. Por no citar más que un ejemplo, la Guerra Civil siria ha acarreado más de doscientos mil muertos y cuatro millones de refugiados. Y amén de diezmar su potencial humano, estos conflictos bélicos están minando su infraestructura material y fomentando la destrucción o el expolio de su patrimonio histórico y cultural. Por ejemplo, el de Mesopotamia, la cuna de las civilizaciones más antiguas del planeta, la acadia y la sumeria, luego la asiria y la babilonia, ha sufrido, a raíz de la intervención extranjera en Irak, un irreversible detrimento.

No obstante, los últimos acontecimientos revelan que los protagonistas de este tercer conflicto mundial empiezan a sufrir severos daños colaterales no previstos. En efecto, la situación mundial está degenerando escapándoseles, poco a poco, de las manos. Y el fuego, si se propaga por una población, lo hace de un modo indiscriminado arrasando todas las viviendas incluso la del pirómano que lo ha prendido. Así, hoy, me siento bastante pesimista, me «parece como si el mundo caminase de espaldas hacia la noche enorme de los acantilados» (Blas de Otero). Hoy, siento una honda compasión por esa paloma blanca que está más confundida que nunca.


DESVIRTUACIÓN

¡Qué alicaída estás paloma!,
¡qué tarda y torpe, qué aturdida!
Y tu verde rama de olivo,
dime cómo se te ha extraviado.

¡Tienes muy áspero el plumaje,
grisáceo y tan deslucido!
En el cielo azul desentonas
y ya es graznido tu zureo.

Dime quién te echó maleficio,
qué revés te ha desvirtuado.
¡Ay, no te reconocería
ni Picasso tu creador!

Si te viese tan desastrada
se arrepentiría de haberte
concebido en un nido sórdido
de torvos y sombríos cuervos.

Comentarios
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Miguel   |2015-07-02 18:33:37
Se queda usted muy corto amigo mío. Desde los 70 se está, se financia todo con
dinero fiduciario y es tal el montante que precisan volver a las
"colonias". Se oculta que los portaaviones, misiles,...,... se pagan a
través de "falsificaciones", es tal la cantidad de dinero falso en el
sistema que precisan una vez que se han comprado casi todo con éste... ¿usted
que haría si ha pasado dinero falso comprando cosas...? pues estará deseando
que se destruya, qué no quede ni rastro.

Destrozan y destruyen países de
manera estratégica, Libia y Siria son los dos últimos ejemplos, invanden el
Sahel para...

Gobernados por miserables amorales. La historia se repite
siempre... ¡¡¡espero que no!!!
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