Un pitorreo: ni seny ni rauxa

Rafael Cid

No hay nada de grandeza en la renuncia de Carme Forcadell ante el instructor del Supremo. Por más que algunos de su cuerda pretenden aliviar tamaña indignidad con el relato de la acción represiva del Estado español. La solemne abjuración de principios de la presidenta del Parlament (lo sigue siendo “in vigilando” a favor del denostado 155) nada tiene que ver con el “eppur si muove” (“y sin embargo se mueve”) atribuido a Galileo al retractarse del heliocentrismo ante el Santo Oficio. Y si además quieren esgrimir como excusa un calculado pragmatismo resistente, la cosa adquiere tintes patéticos. Lo que han perpetrado Forcadell y los restantes miembros de la mesa de la Cámara legislativa catalana (aunque estos en menor medida por su desigual responsabilidad) tendrá consecuencias disolventes para cualquier movimiento emancipador que se aventure en el marco del Régimen del 78.

Algo previsible toda vez que, al primer apretón, a los dirigentes que habían protagonizado y culminado el procés de desconexión con España les faltó tiempo para volver grupas y concurrir a unas elecciones ordenadas por sus “opresores”. Si no fuera porque sus connotaciones históricas lo deforman hasta la caricatura, podría hablarse de un “régimen de Vichy” en Catalunya.

Y es que pocos quieren darse cuenta de la enorme trascendencia de lo ocurrido. Unos, los de la unidad de España, porque una vez cumplidos “sus últimos objetivos militares” lo que menos desean es alimentar un victimismo residual. Y los otros, los soberanistas arrepentidos, porque esperan que al toque de corneta, como en la leyenda del Flautista de Hamelin, el 21-D las masas retornen al encantamiento del derecho a decidir. Ahora en su versión redil del atado y bien atado. Tutti contenti: consenso a urna abierta tras el amago del disenso. Del Principado al Protectorado por expresa declinación de la oligarquía política vernácula.

Hablamos de que la sede donde radica la soberanía de Catalunya, en pleno ejercicio de su derecho de representación política, aun conculcando normas de mayor rango, aprobó dos leyes para un nuevo tiempo político de ruptura democrática. La ley de Referéndum y la Ley de Transitoriedad hacia la República. Y de que con ese corpus legal, siguiendo la misma estela de rebeldía frente al estado central, se incitó a la ciudadanía para su posterior referendo. Cosa realizada a pesar de las trabas puestas por “su superior jerárquico” en el entramado constitucional entonces verbalmente prescrito.

Decimos “leyes”, o sea, normas de obligado cumplimiento general. Que además, por su intrínseca condición de haber sido concebidas voluntaria y autónomamente, consignaban “un imperativo categórico”. Eran, en suma y al margen de la opinión ideológica que nos pueda merecer individualmente, el pilar de un proceso superador de la regulación heterónoma instituida en su día contra el criterio de la inmensa mayoría del pueblo catalán. Todo ello, hay que insistir en este dato que lejos de ser anécdota es categoría, por un gobierno legítimamente elegido y contando con el consentimiento de los gobernados. Y en una secuencia dilatada en el tiempo que se produjo en todo momento de manera impecablemente pacífica y cívica.

Esa es la vacua ejemplaridad de la que ahora se acaban de pitorrear sus señorías, que incluso, y al final de la escapada, tienen la suprema desvergüenza de pasar el cepillo al personal para que los verdaderos humillados y ofendidos sufraguen sus fianzas. Da igual como lo vendan. Aunque del bombo del sorteo del 21-D volviera a salir otra raquítica supremacía independentista. Esta vez se trataría del funeral del procés visionado como un episodio esperpéntico más de ese Ruedo Ibérico que nos legó Valle-Inclán en su genial “¡Viva mi dueño!”.

Desde luego, si todo lo que están publicando los medios de comunicación sobre la declaración judicial de la presidenta del Parlament resulta cierto, esto también sería “corrupción en estado puro”. Imagino para la historia de la infamia a la filóloga Forcadell mostrando su cara más compungida ante su inquisidor: “señoría, todo ha sido un malentendido; no sabíamos lo que hacíamos”. Una broma de mal gusto.

Comentarios
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Xavi   |2017-11-11 13:00:09
El proceso independentista catalán está teniendo, de momento, unos resultados
desastrosos. Tras la proclamación simbólica de la república, la excusa para
el 155, previsto de cualquier forma, estaba dada. La Generalitat fue intervenida
y cualquier poder administrativo que pudiera tener su Gobierno fue disuelto. Sin
reconocimiento internacional, capacidad de financiación y control del
territorio y fuerza pública no había ninguna posibilidad de éxito.
Xavi   |2017-11-11 13:00:36
La resistencia civil y la desobediencia, sin nada de lo anterior, eran poco
más que una invitación al martirio.
El camino de la unilateralidad, por otro lado el único disponible para una
secesión en España, hubiera requerido de forma ineludible de
estos condicionantes para hacerse efectivo.
pairo   |2017-11-11 13:02:10
La lectura del independentismo procesista fue errónea, no por carecer de plan b
para una independencia que nunca creyeron conseguir inmediatamente, sino por
pensar que el régimen del 78, débil, necesitaría dialogar de algún modo para
no perder Cataluña. La negociación hubiera sido necesaria para resolver el
problema, no para convertirlo en el 23-F de Felipe VI.

El bloque monárquico,
por otro lado, hoy parece triunfante tan solo por su único éxito real: la
alucinación colectiva que han conseguido imponer a la sociedad española. Nadie
se hace ya la única pregunta capital que merece la pena contestarse: ¿por qué
más de dos millones de catalanes son independentistas?
que bajo hemos caido   |2017-11-11 13:05:37
En principio lo esperable es que tras una crisis económica soterrada con
medidas austericidas, unas instituciones podridas por la corrupción, una
quiebra territorial gravísima y una respuesta violenta y autoritaria a la
misma, es decir, con todo este panorama, la ciudadanía se hubiera girado no
solo hacia los actuales gobernantes, sino hacia sus socios e incluso hacia la
Corona y hubiera dicho basta. Basta de hablar de soberanía nacional cuando la
misma se entregó servilmente a los banqueros alemanes, basta de hablar de
justicia fulminante cuando esta se ha mostrado débil y timorata contra los
patriotas con cuentas en Suiza, basta de hablar de egoísta burguesía catalana
cuando toda, la catalana y la española, unió fuerzas en la represión de las
protestas sociales. Basta de dar palos a la gente en Barcelona, Murcia o Madrid.
Y sí, esto hubiera sido lo esperable para un observador externo que
desconociera qué ll...
que bajo hemos caido   |2017-11-11 13:06:05
Y sí, esto hubiera sido lo esperable para un observador externo que
desconociera qué llevaba cocinando a fuego lento la derecha estas últimas dos
décadas y qué efecto ha tenido en la sociedad española.
charlie   |2017-11-11 21:00:48
no quiso ir a la cárcel, y se entiende
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