Matraca miserere

Jesús Ausín

Dice un refrán castellano que no hay más ciego que el que no quiere ver. En esta España en la que nunca el pueblo ha puesto en su sitio a los malhechores que les llevan robando desde que Carlos V cogía el oro y la plata que llegaban de América con una mano y se la entregaba con la otra a los prestamistas holandeses que pagaban sus megalómanas disputas religiosas, la única vez que, víctimas del hambre y la desesperación, nos amotinamos no fue para pedir pan, trabajo y libertad sino para impedir que, a los pocos que podían usarlas, se les acortaran las capas. Y en lugar de, como en la Francia de la época, colocar la guillotina en las esquinas, y hacer limpieza de ladrones, sátrapas y sádicos, aquí nos bastó con que el rey nos dijera cuatro palabritas diciendo que nos perdonaba y que no tomaría represalias, para volver a nuestras casas con el hambre y la miseria puestos. Nos pareció suficiente con que enviara a Esquilache, destinatario de todas las críticas que deberían haber hecho al rey, al destierro y se acabara expulsando a los jesuitas, que a falta de moros, judíos, moriscos o gitanos a los que echar la culpa, fueron agraciados con el blasón de culpables de todos los males.

Es lamentable como la estupidez supina del personal acaba haciendo un mundo por una chorrada (una bola que desaparece de una fuente, una bandera quemada, un recorte de una capa y un sombrero) y como lo verdaderamente importante porque nos limita el bienestar o directamente nos hace la vida imposible, pasa desapercibido.

Cuando escribo esto, aún no se ha celebrado la matraca miserere en la Plaza de Colón que los sinvergüenzas de España han convocado para distraer a la idiocia de las cosas importantes. Para que todo sea lo más absurdo e indigno posible, estaba previsto que en una manifestación de españoles que pretenden salvar a España, un peruano que debe más de dos millones a hacienda, nos diera lecciones sobre el púlpito de lo que tenemos que hacer para no caer en manos de los supuestos enemigos de la patria. Al final, el cachondeo general de las redes, ha obligado a los trilerdos a sustituir a este infame personaje por tres profesionales de las fake news. No dirán ustedes que no tiene bemoles. En una manifestación de patriotas pensar que el portavoz idóneo es un migrante. En una manifestación de salvapatrias un moroso con el estado es el que nos debería haber contado los supuestos peligros a los que está sometido el país. Claro que si centramos la cuestión en los convocantes y en los participantes famosos que han opinado estar de acuerdo con lo de salvar a España y en acudir a la manifestación, que Vargas Llosa fuera el portavoz parecía lógico. Es como pensar en Alí Babá para que hiciera de portavoz de una convención de ladrones.

Esta macro misa matraca miserere de sinvergüenzas la convoca el partido sentenciado por corrupción (Casi mil casos en toda España). Una corrupción que ha dopado las elecciones y que le cuesta al año al estado 90.000 millones. Le acompaña en la convocatoria el partido de los Cuñaos, que apenas gobierna en ningún sitio, pero que dónde lo hace, su gestión se resume en ruina del ayuntamiento y corrupción, según explica aquí el diario Público. Y no olvidemos su apoyo en Andalucía a la califa fontanera que dejó la sanidad echa unos zorros y 714 millones de euros en el coste del caso de los ERES falsos. Para aderezar la ensalada ultra, el partido de ese tipo que dice odiar lo publico, pero que no ha cotizado ni un solo día en sus cuarenta y cuatro años de vida y que lleva viviendo del presupuesto público desde los dieciocho años. Paradójico también que una manifestación de patriotas sea convocada por quién se financia por un grupo terrorista iraní. Y como no podían ser las cosas más rocambolescas, indignas y fulleras, son apoyados por el electricista que llegó a Ministro con el PSOE y que reclamaba que lo mejor para buscar delincuentes era tirar la puerta a patadas, el insufrible Corcuera. También simpatizan con el acto pensado para distraer de lo importante, el Señor de la Cal y dos cantamañanas presidentes de CCAA que, para acabar con las discusiones catalanas, proponen ilegalizar a todos los que no piensen como ellos. ¡Vamos lo mejor de cada casa!

Parece que el personal es masoca y le gusta que le roben, que le maltraten y que le puteen hasta hacer de su vida un infierno. Y entran al capote tendido por los que han destrozado la sanidad allí donde desgobiernan (como en Galicia, Castilla y León o Madrid). Como viene siendo tradicional, seguimos aplaudiendo el robo, el latrocinio y acompañando a nuestros torturadores en sus acciones pensadas para distraernos. A nadie parece importarle que en este país tengamos 9,1 millones de pobres. Que 3.600.000 de ellos sean niños cuya pobreza se hereda y se ha cronificado por la dejadez gubernativa.

Tampoco parece importarnos que la electricidad se haya convertido en un artículo de lujo para millones de españoles que malviven entre el frío y la humedad de sus casas porque no pueden poner la calefacción. Todo ello, según comentan en esta página, con la connivencia de las autoridades. Y, lo que más rabia me da es que el puñetero nacionalismo español, patriotismo de hojalata, sea más importante que reivindicar salarios con los que poder comer. Condiciones laborales dignas e impuestos acordes con la renta. Que seamos incapaces de no ver que quién tiene la bandera más larga, quién reclama el patriotismo más alto, es tan, tan patriota que tiene su patrimonio oculto en paraísos fiscales, en sociedades off-shore y en otras cantinelas para evitar ayudar económicamente a ese país que tanto dice amar. Por no hablar de las deudas con la seguridad social y hacienda que a nosotros, los curritos de turno, no nos perdonan y son capaces de arruinarnos para reclamarnos un pago que no puedes discutir porque no tienes dinero para acudir a los tribunales, y que a estos sinvergüenzas les perdonan con el perjuicio para todos.

No se porqué estamos siempre mirando con lupa cualquier cosa que hagan algunos políticos accidentales y sin embargo aplaudimos los desmanes de los profesionales. Esos que, como a los toros en la plaza, nos ponen el capote y entramos distrayéndonos mientras nos roban la cartera.

Este es el país de la incultura. Quizá por eso hay tanto absurdo suelto.

Con su pan se lo coman y con sus lágrimas lo lloren.

Salud, feminismo, república y más escuelas publicas y laicas.


Comentarios
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vivan las caenas   |2019-02-12 12:08:53
pais acostumbrado a la injusticia, el abuso, la discriminación y la represión,
como sucedió en 1936.....y hasta ahora
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