Los sextos son tal para cual

ARTURO DEL VILLAR

SUS majestades los reyes católicos nuestros señores Felipe VI y Letizia  han pasado los días 13 y 14 de febrero de 2019 en Marruecos, donde han sido agasajados por el tirano marroquí, Mohamed VI, a su manera. Según comunicado de la Casa de Su Majestad, el viaje ha sido un éxito, a pesar del traspiés que el rey católico dio durante la visita al mausoleo de los anteriores reyes Mohamed V y Hassan II, abuelo y padre del actual, que es como el monasterio de El Escorial madrileño en versión moruna. A tan sagrado lugar hay que penetrar descalzos y las mujeres con la cabeza cubierta, ponerse firmes y guardar un minuto de silencio, que es el tiempo requerido para rezar un padrenuestro los cristianos. Aunque no se comprende qué hacen los cristianos en ese lugar.

Lo que ha evidenciado esta visita es que el tirano de Marruecos se halla todavía más protegido que el de España. El vehículo en que ambos se trasladaron por las calles de Rabat estaba protegido por otros vehículos de escolta, motoristas y gorilas a pie. En las aceras montaban guardia tropas militares muy juntas, mirando a los espectadores para advertirles que su papel consistía en vitorear y aplaudir a su amo y al visitante. Ambos saludaban como si creyeran verdaderamente que los vítores y aplausos eran espontáneos. En Marruecos todo está organizado por el Gobierno del tirano.

Es la segunda vez que los reyes católicos nuestros señores acuden a cumplimentar al tirano marroquí. Ya lo hicieron los días 14 y 15 de julio de 2014, al finalizar el Ramadán, menos de un mes pasado desde la proclamación del VI español, acaecida el 19 de junio. Lo impone el complejo de inferioridad de la monarquía española ante la marroquí, a la que debe mantener contenta para que no siga reclamando la soberanía de las plazas de Ceuta y Melilla, indudablemente ubicadas en territorio marroquí, y de las islas Canarias, más próximas a él que al español. Sabemos muy bien que a los tiranos marroquíes nada les detiene si se empeñan en conseguir territorios ajenos para engrandecer el suyo. Teniendo en cuenta que el Ejército borbónico es menos eficaz que los soldaditos de plomo, se comprende la sumisión abyecta de los reyes católicos españoles ante el tirano marroquí, desconocedor del significado de palabras como civilización o democracia.

UNA HISTORIA DE DERROTAS

Desde luego la historia demuestra que las relaciones entre España y la que fuera su colonia en el Norte de África han sido nefastas para los cruzados cristianos. Durante el siglo XIX y comienzos del XX muchos militares españoles ascendieron rápidamente en el escalafón, e incluso fueron premiados con títulos nobiliarios, por acciones bélicas en la colonia marroquí, pero en general el papel representado por el Ejército español es catastrófico. Así lo confirman las sangrientas derrotas sufridas, como las del Gurugú, el barranco del Lobo, Monte Arruit y por último el conocido como desastre de Annual. Los supervivientes relataron escenas de un salvajismo increíble entre seres humanos, porque los defensores de su territorio patrio contra los colonizadores, que es una acción legítima, estaban dominados por el odio y deseaban vengarse cometiendo las mayores crueldades contra los invasores vivos e incluso los muertos.

Aunque es cierto que el culpable de tantos desastres fue el incompetente rey Alfonso XIII, empeñado en dirigir desde su palacio madrileño las operaciones bélicas. Y además era un canalla, porque cuando supo que el vencedor en Annual, Abd-el-Kim, reclamaba ocho millones de pesetas para rescatar a los soldados españoles presos a causa de su ineptitud, exclamó: “¡Qué cara cuesta la carne de gallina!” El general Picasso elaboró en 1922 un expediente imparcial sobre lo sucedido, pero antes de que se discutiera en el Congreso el rey ordenó al general Primo en 1923 dar un golpe de Estado y suspender a Constitución que él mismo había jurado en 1902 guardar y hacer guardar. Un juramento de Borbón, o sea nulo.

Al sublevarse en 1936 las tropas coloniales en Marruecos contra la República, el exgeneral traidor que se puso al frente de la rebelión se trajo a la península, como fuerzas de choque, a soldados marroquíes, que imbuidos por el tradicional odio a los españoles cometieron toda clase de aberraciones contra los republicanos, en el frente y en los lugares conquistados; por ejemplo, confeccionaban collares con ojos de los vencidos y se los colgaban al cuello. A los militares rebeldes les resultaban muy típicas esas costumbres, que ellos habían practicado en la guerra colonial.
Claro está que al entonces exrey perjuro Alfonso de Borbón le parecía muy bien la decisión del dictadorísimo de importar mahometanos, ya que sirvió para derrotar a la República y matar a miles de republicanos. Eso mismo era lo pretendido por su hijo Juan, al intentar por dos veces enrolarse en las tropas sublevadas. Con tal de recuperar el trono perdido por la libre voluntad popular, los borbones pasaron por toda clase de humillaciones ante el exgeneral sublevado.

Otra vez volvían los marroquíes a invadir la península, en este caso comandados por otro traidor conde don Julián, designado dictadorísimo por sus compinches. Los exgenerales sublevados tuvieron la desvergüenza de calificar de cruzada su lucha, con la colaboración de los moros, contra los españoles leales. Y los obispos cometieron el crimen imperdonable de ratificar esa cruzada en la Carta colectiva del Episcopado español firmada el 1 de julio de 1937, para su eterno escarnio.

Y SIGUIÓ JUAN CARLOS

El dictadorísimo conservó en los primeros años una guardia mora muy lucida, que custodiaba el palacio de El Pardo y rodeaba su automóvil en los traslados. Tenía la mala costumbre de referirse en sus discursos a “la tradicional amistad de España con Marruecos”, que siempre fue de enfrentamientos bélicos, como queda dicho. El designado por él su sucesor a título de rey, Juan Carlos de Borbón, mantuvo durante su esperpéntico reinado unas cordiales relaciones con el que llamaba su hermano Hassan II, el rey de Marruecos y comendador de los creyentes islámicos. Se entendían muy bien, al parecer, los representantes de dos creencias religiosas antagónicas, secularmente enfrentadas.

El rey católico español hizo el ridículo en noviembre de 1975, cuando ejercía como dictadorísimo en funciones durante la lentísima agonía del titular. El astuto Hassan concentró el 21 de octubre a 300.000 vasallos, hombres, mujeres, niños y ancianos, provistos de ejemplares del Corán, para realizar una llamada “marcha verde” en reivindicación del territorio del Sahara administrado por España. No llevaban armas, pero el tirano advirtió que si eran molestados él ordenaría a sus tropas atacar a los soldados españoles. Por si acaso, a los civiles los acompañaban 25.000 militares.

El dictadorísimo en funciones Juan Carlos de Borbón se trasladó el 2 de noviembre a El Aaiun, para dar su palabra a las tropas españolas de que “España nunca claudicará ante el órdago de Hassan II”. Palabra de Borbón, es decir, nada. El día 14 fue firmado el conocido como “pacto de Madrid”, un acuerdo por el que España entregó sin ninguna contrapartida el territorio del Sahara a Marruecos y Mauritania. La historia demuestra que ninguno de los borbones ha cumplido jamás su palabra, ni tampoco su juramento. La única excepción la protagoniza precisamente Juan Carlos I, que juró el 23 de julio de 1969 lealtad al dictadorísimo y fidelidad a sus leyes genocidas, y sí lo ha cumplido fielmente hasta su abdicación.

Los saharauis esperan desde entonces la celebración de un referéndum, avalado reiteradamente por la inoperante Organización de las Naciones Unidas, para decidir el futuro de su nación. A los dirigentes españoles no les avergüenza esa situación, porque todo su interés radica en no disgustar al tirano de turno en el trono marroquí, que podría obligarles a declararle la guerra. Una vez más este viaje ha demostrado la cobardía del rey español ante su tocayo, por lo de VI, el marroquí.

LA ÚLTIMA INVASIÓN DE ESPAÑA

Finalmente el dictadorísimo concedió la independencia a Marruecos, y desde entonces se mantiene una continuada discusión sobre las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que efectivamente se encuentran en territorio marroquí, y las islas Canarias, con sonoros asaltos cotidianos, y con disputas sobre el alcance de las aguas territoriales. Ha habido conatos de invasión, como el de la isla de Perejil el 11 de julio de 2002 por la Marina Real marroquí. El reino de España amenazó con la guerra, y el de Marruecos accedió a abandonar la isla, con la condición de que quedara deshabitada y sin ningún símbolo de soberanía. O sea, que ya no es española.
El tirano marroquí puede organizar una guerra y mandar combatir a sus vasallos, porque la Constitución de 2011 le otorga poderes absolutos: es el jefe supremo de las Reales Fuerzas Armadas, de la Marina Real, de la Real Fuerza Aérea y de la Gendarmería Real. Designa y cesa a los jefes de sus gobiernos, a los ministros, a los altos cargos civiles y militares, preside los consejos de ministros, el Consejo Supremo de la Magistratura, donde designa libremente a cinco de sus componentes, promulga leyes, proclama el estado de excepción, y además es el comendador de los creyentes, máxima autoridad religiosa.

Es el propietario de todas las empresas públicas y controla todas las privadas importantes de la industria y el comercio, sin que sea posible realizar ningún negocio en el reino sin contar con la aprobación interesada del rey y sus familiares. Absolutamente toda la vida de Marruecos está sometida a la autoridad real indiscutible. Los opositores desaparecen sin dejar rastro, y sin que sus familiares se atrevan a preguntar por ellos, para evitar correr la misma suerte. Las cárceles son mazmorras medievales, en las que no se permite nada a los presos, donde muchos mueren sin que sus familiares reciban ninguna explicación. Es decir: el rey de Marruecos es un tirano.
A este tirano le llama hermano el rey católico de España, que se le asemeja en sus atribuciones. El VI español es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil y la Policía Nacional, sobre las que se apoya para reprimir cualquier conato de oposición popular. No preside la Conferencia Episcopal, pero sus componentes respetan sumisamente su cargo, y también el de su mujer, pese a que debieran haberla excomulgado por doble aborto, de acuerdo con la doctrina aplicada a los pobres vasallos. Su padre y su hermana Cristina han amasado sendas fortunas por medios ilícitos, pero son intocables, porque la Justicia en España se ejerce en nombre del rey. Así va ella. Al cuñado no quedó más remedio que encerarlo en una prisión, porque sus delitos escandalizaban a los vasallos, pero está en una cárcel de oro, con todos los privilegios que desea.

DIOS, PATRIA Y REY

El antiguo título de sultán fue transformado en 1957 por Mohamed V en el actual de rey, para intentar equipararse a las monarquías europeas, aunque en realidad sus funciones verdaderas siguen siendo idénticas a las anteriores. De facto es un dictador absoluto, que ignora los derechos humanos, que tiene abarrotadas las cárceles sin que los detenidos sepan por qué motivo están presos ni confíen en un juicio justo, que ordena el cierre de publicaciones cuando osan apuntar alguna crítica a la monarquía, o una caricatura del rey o sus familiares, y que para nada se puede equiparar a un estado civilizado. Es propietario de siete palacios reales de un lujo insultante para una población paupérrima.

El rey Mohamed VI anunció que renunciaba al tradicional harén de los sultanes cuando se casó con Salma, pero no es la reina ni tiene tal categoría en el reino, sino que ostenta el título de princesa, como las hermanas del tirano, y al parecer se divorció de ella, aunque el tema está prohibido. El pueblo comenta que la renuncia fue formal, porque no se pierden las tradiciones con facilidad. Su padre Hassan II tenía 80 concubinas reconocidas. Es que no necesitaba trabajar para mantenerlas, ni a sus hijos.

El rey católico Juan Carlos I tampoco poseyó un harén en su palacio, aunque disfrutó de los favores de unas 1.500 amantes, según cálculos a la baja del hispanista Andrew Morton, y a sus vasallos nos han costado millones los regalos que les hizo, en especial a la supuesta princesa Corina, su debilidad en la vejez chocheante. Además hemos debido tapar las bocas de las más avispadas, y comprarles cartas aberrantes que les escribía, así como las copias de los vídeos que le tomaron en actitudes exultantes, cuando estaba tan entusiasmado que no se enteraba de lo que sucedía en el dormitorio. Seguro que un harén nos hubiera salido más barato.
Mientras tanto, la renta per capita de los marroquíes es de cuatro euros. El índice de analfabetismo alcanza al 82 por ciento de la población. No existen estadísticas sobre los hábitos de vida y los índices de mortalidad, porque al régimen no le parece conveniente hacerlas públicas, para no escandalizar al mundo civilizado.

El lema del reino de Marruecos es Allah, al–Watan, al-Malik, que se traduce por “Dios, patria, rey”, exactamente igual que el de los carlistas españoles, quienes después de un siglo de guerras han aceptado la presunta legitimidad de Juan Carlos I, puesto que fue designado sucesor a título de rey  por el dictadorísimo al que ayudaron a culminar su rebelión en 1936, y asumieron la unificación de la Falange Española y la Comunión Tradicionalista bajo su mando el 19 de abril de 1937. Por lo mismo aceptan al sucesor a título espermatozoico del sucesor a título de rey en la monarquía fascista instaurada por el dictadorísimo para perpetuar su régimen.

DOS COLONIAS IMPERIALES

Este ejemplo perfecto de dictador sanguinario es aliado de los Estados Unidos, y por lo tanto su régimen tiránico está protegido por la sombra del águila imperial. Por ese motivo tiene la chulería de ignorar las resoluciones internacionales sobre el Sahara, y cuando cree oportuno amordazar a los saharauis ordena asaltar sus campamentos y matar a los principales disidentes. Algunos pocos intentos de pronunciamientos militares en el reino han sido resueltos con el fusilamiento sin juicio previo de los patriotas, y ninguna organización internacional denunció el hecho, por no indisponerse con el emperador gringo.

Es lo que motiva al rey católico de España y sus gobiernos sucesivos, para ignorar que la Organización para la Unidad Africana reconoció en 1975 la independencia de la República Árabe Saharaui Democrática, ocupada militarmente por el reino alauita contra las normas del Derecho Internacional, cuando el reino de España abandonó su administración de manera vergonzosa. Desde entonces los saharauis viven sometidos a la dictadura de los invasores, o han escapado al exilio. La Organización de las Naciones Unidas no se atreve a abordar el problema, porque el reino de Marruecos es feudatario del Imperio gringo. Por la misma razón guardan un silencio cómplice los monarcas españoles, títeres del emperador, y se lo hacen guardar a sus gobiernos. No en balde el reino de España constituye la más sumisa colonia europea del Imperio, y en Rota se halla una base antimisiles para garantizar la impunidad de las agresiones gringas a otros países.

Pero el pueblo español es solidario del saharaui, lo apoya en su reivindicación, y protesta contra la agresión continuada de los marroquíes. El pueblo español no puede expresar su voluntad respecto a la República Saharaui, pero desea su independencia, y rechaza los encuentros de los dos reyes. La monarquía es una dictadura en todas partes.
Ese reino tiránico y corrupto le parece ejemplar al rey católico nuestro señor. Después de todo, la corrupción española no tiene nada que envidiar a la marroquí. Ahí están los dos partidos dinásticos alternantes en el poder sometidos a investigaciones judiciales por su afición desmedida a robar al pueblo. Claro que también lo está el cuñado del rey, y si no lo está su hermana es por eso mismo, y aquí no pasa nada, como en Marruecos.


Comentarios
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Mario  - Los tiempos han cambiado   |2019-02-18 04:12:04
Tanto odio a Marruecos y a su Rey. Parece que el autor vive todavia en tiempos
de guerra fria. Los marroquies respetan a nuestro Rey y a nuestra monarquia y no
nos odian. Lo minimo es respetar al pueblo marroqui quien debe decidir su Rey,
su gobierno y su futuro y no usted.
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