Escritor: profesión de alto riesgo

Arturo del Villar

LA Real Academia Española, generalmente conocida como la de la Lengua, ha publicado el 16 de enero de 2020 su respuesta a la pregunta que le hizo la vicepresidenta del Gobierno (y de la Gobierna), la excelentísima Carmen Calvo (¿no será Calva?), sobre el buen uso del lenguaje inclusivo en nuestra Constitución. Hace tiempo que algunas mujeres ingeniosas decidieron modificar el tradicional lenguaje castellano (y castellana), porque en su opinión es machista, y no lo pueden hablar dignamente. Su intento está causando problemas a los académicos encargados de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma (y la idioma), a los profesores y a los escritores, y a las personas sensatas que todavía quedan en el reino (y la reina).

Así, la reputada diputada socialista Carmen Romero, esposa entonces del presidente del Gobierno (y de la Gobierna) Felipe González, se refirió en 1997 durante un mitin a los “jóvenes y jóvenas”. Su ilustre (o ilustra) colega de partido (y partida) y ocupación Bibiana Aído mencionó en 2008 en el Congreso de los Diputados (y Diputadas) a los “miembros y miembras”. A pesar de los chascarrillos que provocaron tan históricas intervenciones, su mal ejemplo creó escuela, y una legión de feministas se ha propuesto enseñarnos a hablar en el castellano (y la castellana) que a ellas les gusta, diferente del escrito (y escrita) por Cervantes, por María de Zayas, por Quevedo, por Emilia Pardo Bazán, por Galdós, por Machado, que hasta ahora teníamos como modelos de buen decir.

La verdad es que los socialistas varones tampoco están versados en literatura. Así lo demostró el actual presidente del Gobierno, el Perico Sánchez al que le escriben los discursos y la tesis doctoral, cuando aseguró el 21 de abril de 2015 que Machado había nacido en Soria. Esperemos que su ministro de Cultura le dé unas lecciones rápidas de esa materia. Y los demás de las suyas respectivas, a ver si le llenan la cabeza de algo sólido. Yo le mandé una edición de sus Poesías completas, con las páginas señaladas en las que menciona su infancia sevillana, pero no me lo agradeció y probablemente no lo habrá leído.

En su amplia y prolija respuesta explica la Real Academia Española que las razones en las que basan las feministas para reclamar un lenguaje inclusivo “no son –estrictamente hablando— ni jurídicas ni lingüísticas; estas razones son políticas o sociológicas” (página 15). Eso es lo malo precisamente, lo que las hace irrazonables.

Los españoles contamos con una espléndida literatura escrita desde el siglo XII, utilizando el román paladino con el que cual suele el pueblo hablar a su vecino, como lo anotó Berceo, y nos hemos entendido muy bien hasta hace poco tiempo en lo que respecta a la comunicación verbal y escrita; en las ideas lo normal entre los españoles es no entenderse y cambiar el libro por la estaca, según lo retrató Goya, pero eso es otro cantar. Ahora nuestro idioma va a dejar de ser común, va a dividirse dos modos, y así no nos entenderemos ni a la hora de comprar el pan, que será la pana para algunas, y como la pana es una tela el panadero (y la panadera) no acertarán a complacernos.

De este modo el oficio de escritor va a ser de alto riesgo, porque las inclusiveras están preparadas para el ataque, y son capaces de todo con tal de defender sus opiniones. Yo sé que este artículo me va causar el enfado de algunas lectoras amigas, pero pienso que también los escritores tenemos el derecho y el deber de defendernos mientras podamos hacerlo.

En el siglo XVII escribió Molière dos comedias satíricas que se han puesto de actualidad en nuestro país (o paísa): Les Précieuses ridicules, estrenada en 1659, y Les Femmes savantes, en 1672. Las protagonistas ya eran feministas antes de tiempo, y los espectadores se rieron de ellas hace tres siglos. Ahora no se encontraría una sola actriz dispuesta a representarlas.
El lenguaje inclusivo ha llevado sus aberraciones hasta el extremo de imprimir en los Estados Unidos una Biblia inclusivista: en esta traducción adaptada al inglés Dios ya no es el Padre, sino el Padre--Madre creador de los cielos y la Tierra, y así lo demás. Si las feministas españolas son rezadoras, seguro que siguen ese modelo. Como diría un castizo, con su pan se lo coman.
Nota: Este artículo es de mi exclusiva responsabilidad, y no está consensuado con los afiliados y las afiliadas al Colectivo Republicano Tercer Milenio que todavía presido.

ARTURO DEL VILLAR

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