Podemos se desangra en los territorios

Pedro Vallín. Unidas Podemos vive un momento Macron: instalado en el Gobierno, con un marcado liderazgo del vicepresidente Pablo Iglesias y su equipo de ministros, la formación morada y sus confluencias vivieron hace siete días, en las elecciones gallegas y vascas, un momento muy similar al del presidente de la República Francesa pocos días antes, en la segunda vuelta de las municipales francesas: todo el poder ejecutivo no sirve para penetrar lo local. El comportamiento de la lista morada en Euskadi fue similar al rendimiento en las elecciones autonómicas y municipales de mayo del 2019, y el de Galicia fue aún ­peor. Todo lo peor que podía ser.

La ejecutiva morada del viernes pasado –consejo de coordinación– no llegó a ninguna conclusión sorprendente sobre lo ocurrido, pero se bastó para constatar lo obvio, lo que saben desde hace un año: la resiliencia de los morados en las dos convocatorias de elecciones generales del 2019, casi pensadas para hacerlos desaparecer, y el éxito aledaño, más increíble aún, de entrar en el Gobierno, no tienen correlato autonómico, un marco en el que los morados se desangran.

El hundimiento de las mareas –tras la ruptura con el propietario de la marca En Marea, Luis Villares, que acabó presentando una lista contra Podemos que arrastró en su fracaso a los de Antón Gómez-Reino– es el caso más espectacular de un fenómeno generalizado: el espacio abierto por Podemos a la izquierda del PSOE hace seis años aún existe, pero ya no lo rentabilizan las huestes moradas, sino los renovados partidos de la ­izquierda soberanista, que han remozado su mensaje y sus maneras, en parte, influidos por la irrupción de Podemos. No es baladí considerar que uno de los primeros veteranos de la política que cayó embe­lesado por la irrupción de Pablo Iglesias fue el viejo Gandalf del nacionalismo marxista gallego: Xosé Manuel Beiras, fundador del BNG.

La primera en reaccionar a la irrupción del fenómeno morado fue Esquerra Republicana. La aparición del fenómeno Podemos-comunes –primera fuerza en Catalunya en las generales del 2015– fue de inmediato contestada con la introducción de Gabriel Rufián como número dos de su lista para las generales, un político que, según él mismo ha explicado muchas veces, si en vez de nacer en Santa Coloma hubiese nacido en Carabanchel, militaría sin dudarlo en Podemos.

La puesta al día de EH-Bildu y del BNG, que los ha llevado a convertirse en principal alternativa al poder conservador moderantista hegemónico en Euskadi y Galicia, y la incapacidad del PSOE para ocupar ese espacio revelan que los morados no devuelven voto al bipartidismo ni se achica el nuevo espacio, sino que, en mitad de luchas intestinas, son fuerzas más veteranas y con mejor asentamiento en su territorio las que absorben ese voto.

España es cada día menos jacobina, y la corte política madrileña y sus gritos quedan cada convocatoria electoral, un poco más lejos de todo lo demás. La combinación de un diseño confederal y la dependencia del tirón electoral de Iglesias crea un modelo político un tanto esquizoide, de fuerte tensión centrífuga, de la que los beneficiarios han sido preexistentes partidos del territorio. No se le escapa a nadie que Compromís –tras el traspiés de su errónea apuesta por el cismático Más País en el 2019–, se frota las manos pensando en absorber el espacio morado.

En Podemos, desde el 2016, hay voces que reclaman que la vocación de “máquina de guerra electoral” con la que se fundó debe dar paso a una paciente construcción de partido que capilarizase la sociedad española. La más autorizada e insistente de esas voces es la de Juan Carlos Monedero, el profesor Keating de Podemos –si el partido fuese El club de los poetas muertos –, que mañana empieza su desempeño como tutor del think tank del partido, el Instituto 25-M, que aspira a convertirse en la FAES de la izquierda, es decir, un laboratorio de ideas con vocación de construir discurso y pensar políticas para el futuro.

En todo caso, el encargado de la tarea principal es el secretario de organización, Alberto Rodríguez, que en la reciente asamblea de Podemos presentó el documento que debe guiar la añorada implantación territorial. La fórmula puede funcionar o no – crear partido es un mantra unánime, pero la respuesta a cómo hacerlo sigue siendo un arcano–, pero al menos descansa en un diagnóstico realista de lo que ha ocurrido en el último lustro.

La generación fundadora de Podemos, crecida durante las décadas de hegemonía neoliberal, tendrá todas gastadas las lecturas de Marx, Engels, Lukács, Gramsci, Foucault, Lakoff y Bordieu, pero padece la ansiedad individualista del emprendedor de start-up : las peleas cainitas en los territorios han sido similares a la que provocó el cisma entre pablistas y errejonistas, y por más que luego sean adornadas de racionalizaciones disidentes en estrategias y tácticas, todas ellas sin excepción descansan en las frustraciones personales de quienes esperaban un trozo de la tarta accionarial de Apple por haber estado en el garaje en el que se soñó el Macintosh.

Dicho de otro modo, Podemos era lo mejor que les había ocurrido en su vida, y una votación perdida desencadenaba en cisma y una voz crítica que, sin excepción, se sentaba al lado del teléfono esperando la llamada de la prensa para poder despacharse contra la dirección, territorial o estatal. Rodríguez está empeñado en crear dinámicas de participación menos competitivas, que no se diriman con vencedores o vencidos, y que militar en Podemos sea una actividad más amable.

El impulso de una organización juvenil autónoma llamada Rebeldía o la creación de una escuela popular es otra de las apuestas para rectificar el rumbo y crear cuadros políticos menos dados al berrinche y más habituados a la transitividad veleidosa de la política. Casi en cada municipio se repitió el fenómeno: la escasa generosidad de los ganadores y disciplina de los perdedores convirtió en pocos meses a Podemos en una centrifugadora de talento, al punto de que hoy los morados tienen la base más amplia de la política española en forma de “inscritos” –muy activos en votaciones virtuales– y una grave escasez de “militantes" que participen en la vida política de la formación. En los actos de Podemos cuesta creer que hace nada fuera el partido más joven del panorama español, pues hoy es difícil ver a alguien sin canas. Notable paradoja, pues la composición demográfica de sus votantes es justo la contraria.
¿A Podemos y al PSOE les pasa factura electoral el desgaste de gobernar?



 

Comentarios
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otromas   |2020-07-19 21:34:27
Es de resaltar que en todo el artículo, no hay una sola mención a los famosos
Círculos que siendo lo que realmente les diferenciaba de otros partidos, pues
fomentaban la participación, pasaron rápidamente al olvido en cuanto el
galaparismo se hizo con el poder del aparato.


Del aparato sí, pero de los
electores es otra cosa, Pablo..
Tonino   |2020-07-19 21:35:57
Me acuerdo de una intervención de Pablo en el Congreso, fuera de si,
recriminando a Pedro que no le ofreciera a él ningún cargo; luego resultó que
ya le había formado el futuro gobierno, que viene a ser como si el encargado
del material le hiciese las alineaciones a Zidane. El resultado, ya lo estamos
viendo: demagogia en cantidad, un ministerio o ministeria para su mujer, que
sólo se ocupa de bobadas y bobados y gilipolleces y gilipollezos varios. Soy de
izquierdas, me encanta o me encantaba como hablaba, pero ni borracho le voto. Es
una piedra en el zapato que tiene Sánchez.
elevadlas a la categoría de ma   |2020-07-19 21:37:10
El politólogo Iglesias lleva la misma carrera que en pasado tuvo Alejandro
Lerroux, comenzó radical de izquierda y terminó franquista sin ninguna
aportación de importancia a la historia, solo populismo y demagogia.
javivi   |2020-07-19 21:38:01
Podemos, es decir Pablo Iglesias, se ha rendido ante la política de Pedro
Sánchez, el PSOE que lleva dos años en el Gobierno sin derogar la Reforma
laboral del PP, a pesar de que lo vienen prometiendo desde que desbancó a
Rajoy.

Y los empresarios siguen aupando a Fátima Báñez, para demostrar lo
que quieren : arrasar lo que queda del aquel estado del bienestar.

A Pablo
Iglesias, y su chiringuito madrileño, y a Pedro Sánchez sólo les interesan
las inquisidoras.
naomi   |2020-07-19 21:38:59
ni derogación de reforma laboral ni derogación de ley mordaza ni dación en
pago... se ha creado lo de la renta mínima que hasta ahora ha consistido en
tomar las antiguas prestaciones como pirmis y semejantes y cambiarles el nombre
tepillé   |2020-07-19 21:39:50
El alejamiento de los principios del 15-M es su talón de aquiles. El olvidar
los círculos, la participación ciudadana, la defensa de éste frente a los
abusos de las élites extractoras de la riqueza publica y particular, las
puertas giratorias, la garantía de la libertad de expresión con reforma del
código penal, la eliminación de la sobre-protección de determinadas figuras,
los encendidos elogios y aplausos al monarca. Y una patente falta de liderazgo
autonómico. En Galicia siendo segunda fuerza fueron incapaces de abrirse al
ciudadano!! Y así les fue.
Anónimo   |2020-07-19 21:41:09
mposible. Esto debe ser cosas de las cloacas o un bulo voxemita. Habrá que
tumbar esta noticia
piero   |2020-07-19 21:43:07
Podemos se irá consumiendo poco a poco y el coletas segura en su chalet de
Galapagar . Ese mismo que paseaba por el parque de vallecas con Ana Rosa
diciendo que lo política de Ian estar cerca de la gente. Me saltaron las
lágrimas de la risa que me dio....
Alf   |2020-07-19 22:34:30
La presencia de Podemos en el Gobierno no ha frenado su retroceso electoral en
el ciclo de las elecciones municipales y autonómicas que, a falta de las
catalanas, quedó prácticamente cerrado el pasado 12-J con los comicios
gallegos y vascos. En este tiempo la formación ha perdido la mayoría de los
denominados "ayuntamientos del cambio" y ha mermado su representación
en todos los parlamentos autonómicos, además de convertirse en fuerza
extraparlamentaria en Galicia, después de ser la segunda fuerza en apoyos en
2016; en Castilla-La Mancha, la primera experiencia bipartita con los
socialistas, y en Cantabria.
RED   |2020-07-19 22:35:41
Podmos ha pasado de competir con el PSOE por la hegemonía de la izquierda a
buscar acuerdos de coalición con los socialistas, como fuerza subsidiaria
EL PERDÍO.  - SENADO...Sucursal de DERRIBOS ARIAS.   |2020-07-20 13:45:28
Pablo Manuel Iglesias es lo más parecido a Gaseosas La Casera...Se le va la
Fuerza por la Boca y es que" El Coronel no tiene quien le Siga"...Más
solo que la Una y creyéndose otra viez que"vuELve"...Flipante.SALUT I
FORÇA.
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