Proceso al exrey fugitivo

Arturo del Villar

ES lógico que la Justicia ofrezca varias interpretaciones, de modo que en los juicios la expliquen de manera diferente sobre un mismo asunto un fiscal y un defensor. Por eso ahora mismo se publican en los medios de comunicación de masas dos opiniones opuestas en relación con el exrey Juan Carlos de Borbón, primero de ese nombre, fugado de España por su única voluntad precisamente para evitar ser juzgado por la comisión de múltiples delitos, principalmente de carácter económico y sexual.

 

 

Algunos comentaristas aducen que no es posible incoarle ningún proceso debido a que está protegido por el tercer punto del artículo 56 de la Consti-tución creada para él precisamente, y sancionada por él mismo el 28 de di-ciembre de 1978, según el cual “La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. En consecuencia, no sería legal procesarle por presuntos delitos perpetrados mientras reinaba, y se le debe permitir gozar del exilio voluntario, disfrutando de los millones que acumuló injustifica-damente cuando era rey en ejercicio, junto a alguna de sus barraganas.

Esta tesis la defienden los partidos políticos dinásticos, el que se autopro-clama Popular, el que tiene la desfachatez de considerarse Socialista, el ul-traderechista Vox, y una veleta sin rumbo denominada Ciudadanos.

Sin embargo, existe un precedente en nuestra historia próxima, que relata cómo las Cortes juzgaron en ausencia al exrey Alfonso de Borbón, el deci-motercero de ese nombre, huido de España por su propia voluntad el 15 de abril de 1931, al saber que se había proclamado la República Española por la decisión inequívocamente expresada de sus antiguos vasallos.

El 27 de agosto las Cortes Constituyentes acordaron crear una Comisión de Responsabilidades sobre las intervenciones del fugado Alfonso de Bor-bón y Habsburgo-Lorena respecto a la guerra de Marruecos, la política so-cial en Catalunya, el golpe de Estado palatino del 13 de setiembre de 1923, las actuaciones de la dictadura militar, y el proceso de Jaca concluido con la ejecución de los condenados en consejo de guerra sumarísimo e ilegítimo por celebrarlo en domingo.

De resultas de ese inventario la Comisión presentó el 12 de noviembre un acta de acusación contra el exrey huido. El dictamen fue redactado por Án-gel Galarza, director general de Seguridad, y Eduardo Ortega y Gasset, y en él se le acusaba de reforzar su poder personal en el Ejército mediante la dis-tribución de cargos y recompensas, de obligar al general Silvestre a ejecu-tar las operaciones conducentes del desastre de Annual, de organizar el golpe de Estado de 1923 para impedir al Congreso el examen del expedien-te Picasso acerca de lo sucedido en Marruecos, de perjurar la Constitución, y de haberse convertido por ello en el jefe de una facción política.

Los diputados Royo Villanova y Centeno presentaron un voto particular, en el que proponían que el exrey no fuera acusado de cometer un delito de lesa majestad, sino de alta traición.

LA ACUSACIÓN CONTRA EL EXREY

A las 23.15 de la noche del jueves 19 de noviembre de 1931 comenzó la sesión, presidida por Julián Besteiro, en la que se discutió el acta acusato-ria. La expectación en el país era enorme, por lo que acudió tanto público que no tuvo cabida en las tribunas de invitados. Abierta la sesión, leyó el acta de acusación el primer secretario del Congreso, Juan–Simeón Vidarte.

Se encargó de la defensa del exrey huido uno de sus servilones más fie-les, Álvaro de Figueroa, quien utilizaba el título de conde de Romanones, no reconocido por la República. Era uno de los mayores terratenientes de España, diputado permanente por Guadalajara desde 1886, varias veces ministro de diversas carteras y jefe del Gobierno: un cortesano típico. Pro-nunció un discurso exculpatorio, en el que advirtió que no era legal juzgar a una persona en ausencia, lo que motivó la risa de diputados e invitados, y que algunas voces gritaran “¡Pues que venga!”.

Por la Comisión habló Ángel Galarza. Calificó de ficción toda la vida política del exrey, y demostró que estaba probada su responsabilidad en los delitos de los que se le acusaba.

Le siguió en el uso de la palabra el antiguo servidor de la monarquía Án-gel Ossorio y Gallardo, ferviente catolicorromano que se definía como “monárquico sin rey”. Recomendó que no se votase el acta, para evitar que, en su opinión, el Congreso quedara más dañado que el exrey.

Después intervino por la Comisión el diputado González López, quien manifestó que sólo veía en el exrey a un delincuente, con una vida entera punible, y añadió que debían tomarse medidas de seguridad para evitar que volviera a España, puesto que se había fugado voluntariamente al conocer la voluntad popular contraria a su persona.

Los diputados Royo Villanova y Centeno defendieron su voto particular, y seguidamente habló José María Gil Robles, en trance de implantar en Es-paña las ideas y las formas del fascismo italiano. Declaró que el jefe del Estado es irresponsable en los actos refrendados por un ministro, y en con-secuencia resultaba imposible acusarle: según el artículo 48 de la Constitu-ción entonces vigente, la refrendada por Alfonso XII en 1876, “La persona del Rey es sagrada e inviolable”, y el siguiente declaraba que “Son respon-sables los Ministros”. Pero su argumento fue desechado por inconsistente, habida cuenta de que la Constitución que Alfonso de Borbón juró guardar y hacer guardar a sus vasallos en 1902, al ser proclamado rey por alcanzar la mayoría de edad requerida, la perjuró en 1923 al organizar con el general traidor Primo un golpe de Estado que la suspendió y cerró las Cortes, preci-samente para evitar que el Congreso examinara el expediente Picasso, en el que se demostraba su culpabilidad en relación con los desastres ocurridos en la guerra de Marruecos contra los independentistas. 

POR QUÉ SE LE PERMITIÓ FUGARSE

Pidió la palabra entonces el primer jefe del Gobierno provisional de la República, Niceto Alcalá--Zamora, con la intención de responder a varias acusaciones lanzadas en el debate, sobre el hecho de haber permitido la fu-ga del exrey a Cartagena y de allí a Francia aquella noche del 14 de abril, cuando toda España celebraba jubilosamente la proclamación de la Repú-blica y el final de la tiranía borbónica.
Se declaró único responsable de facilitar su fuga, porque deseaba evitar una tragedia sangrienta que manchara las primeras glorias de la República, si el pueblo se vengaba de los agravios padecidos durante la monarquía, dando muerte al causante de todas sus desgracias. Eso es lo que sucede en todas las revoluciones, no hacía mucho en la llamada Santa Rusia, en don-de fue fusilada toda la familia zarista, con general regocijo de sus antiguos vasallos por fin liberados de la esclavitud secular.

Su sucesor al frente del Gobierno provisional, Manuel Azaña, también  ministro de la Guerra, le replicó improvisando un histórico discurso, con dos partes bien definidas: en la primera recordó que todo el comité revolu-cionario había aprobado solidariamente permitir la huida del exrey, y reco-noció que el pueblo español se comportó aquella noche con gran dignidad, para “no ofender con la sangre vertida inútilmente la gloria de la Revolu-ción”. En la segunda parte analizó la culpabilidad del rey, con palabras tan elocuentes como éstas que merece la pena meditar ahora:

Sobre los diputados de la nación pesa evidentemente una formidable carga de historia, nada menos que la historia de España; pero sobre quien ha representa-do a España durante siglos pesa una formidable carga de responsabilidad, la responsabilidad dinástica, que se hereda como se hereda el poder; y al caer una dinastía, el destronamiento no extingue la responsabilidad personal del que la representa, el destronamiento extingue la responsabilidad histórica; pero, ¿es que vamos nosotros a disolver la responsabilidad moral de la persona y el acto propio individual lo vamos a disolver en todo ese océano de historia de tradi-ciones, de responsabilidades dinásticas, borrando al hombre? No. La responsa-bilidad histórica cae sobre la dinastía y sobre sus representantes; pero, ¿y el ac-to personal?, ¿y su voluntad propia? […] Y aquí descansa y recae la responsabilidad personal de D. Alfonso de Borbón, que no se extingue con el destronamiento, que es la obra de la revolución la que acaba con la historia de la dinastía, sino que empieza, en un acto de voluntad hecho por una persona que se llama Alfonso de Borbón, que no se puede borrar con nada y sobre el cual cae ahora el rayo de justicia de la revolución española.

Continuó explicando que el exrey era culpable sin duda de los delitos de que se le acusaba, y que en su opinión “esta noche, con esta votación, se realiza la segunda proclamación de la República en España”, palabras aco-gidas con entusiasmo por los presentes, convencidos del acierto expresado con esa frase afortunada: el jefe del Gobierno provisional representaba en ese momento histórico el rayo de la justicia republicana, caído sobre el primer enemigo del pueblo.

LA LIBERTAD DE LAS INSTITUCIONES

Terminó Manuel Azaña su discurso dirigiéndose a los firmantes de la conjunción republicano—socialista vencedora en las elecciones del 12 de abril (porque debe advertirse que, por extraño que parezca en la actualidad, el Partido Socialista Obrero Español fundado por Pablo Iglesias Posse, lla-mado El Abuelo, fue siempre republicano, marxista y ateo, durante cien años, hasta que lo refundaron unos revisionistas vendidos a la monarquía, privándolo de su señas de identidad). Éstas fueron las palabras finales de Azaña aquella noche memorable:

Y yo os digo, republicanos y socialistas, correligionarios que hemos sudado y trabajado por la revolución y que estamos aquí dispuestos a defenderla con nuestras vidas,  que esta noche tenemos que levantarnos a la altura de las cir-cunstancias y proclamar aquí que nuestra voluntad es la de siempre, y que al condenar y excluir de la ley a D. Alfonso de Borbón, proclamamos una vez más la majestad de nuestra República, la inquebrantable voluntad de nuestro civismo y la permanencia de las glorias españolas cifradas en sus instituciones libremente dadas por la nación. (Grandes y prolongados aplausos.)

Estos razonamientos son indiscutibles, y mantienen toda su vigencia, por lo que pueden ser aplicados al conocido como Alfonso XIII y también a su nieto llamado Juan Carlos I, tan corrupto como él, igualmente despreocu-pado por la situación social de sus vasallos, dedicado tan sólo a dos ocupa-ciones: incrementar sus cuentas corrientes en las entidades bancarias ex-tranjeras, y disfrutar de un harén incontable mantenido con los fondos re-servados de los gobiernos cómplices. No son características exclusivas de ambos, sino la constante de la dinastía borbónica siempre enemiga del pue-blo. Por todo ello el pueblo está en su derecho de reclamar responsabilida-des a quienes han ocupado el trono en su único provecho, mofándose de las necesidades sociales de sus vasallos.

Como expuso Azaña, la responsabilidad personal de quien ha reinado no se extingue cuando cesa en el alto cargo, sino que corresponde a la persona que lo ha ostentado, y puede ser sometida a juicio por sus acciones u omi-siones en el desempeño del poder soberano sobre el reino. La responsabili-dad de Juan Carlos de Borbón y Borbón por los continuados delitos perpe-trados siendo rey no se extinguió con su abdicación primero y con su huida posterior, puesto que había adquirido voluntariamente un compromiso con sus vasallos, a los que nos robó y engañó y burló. Debido a esa continuada sucesión de irregularidades políticas, ahora disfruta de los millones de eu-ros amasados en el ejercicio del poder, en compañía de las barraganas pa-gadas con nuestros impuestos. 

CULPABLES DE ALTA TRAICIÓN

Se procedió a la lectura por Vidarte de la redacción del dictamen en su nueva redacción, que fue aprobado por aclamación, entre aplausos y vivas a la República, levantándose aquella histórica sesión a las cuatro menos cuar-to de la mañana del viernes 20 de noviembre de 1931. El dictamen dice así:

Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de Es-paña, quien, ejercitando los poderes de su magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico de su país, y, en su consecuencia, el Tribunal soberano de la Nación declara solemnemen-te fuera de la Ley a D. Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena. Privado de la paz jurídica, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si pene-trase en territorio nacional.

Don Alfonso de Borbón será degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, que no podrá ostentar legalmente ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de sus representantes elegidos para votar las nuevas normas del Estado español, le declara decaído, sin que pueda reivindi-carlos jamás ni para él ni para sus sucesores.

De todos los bienes, derechos y acciones de su propiedad que se encuentren en el territorio nacional se incautará, en su beneficio, el Estado, que dispondrá el uso conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes soberanas Constituyentes, después de publicada por el Gobierno de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España, y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de las Naciones.

La sentencia fue publicada en la Caceta de Madrid el 28 de noviembre, página 1250, y no ha sido legalmente derogada, porque es inaceptable un decreto de anulación firmado el 15 de diciembre de 1938 por un exgeneral rebelde convertido en dictadorísimo por sus cómplices en la traición al Ejército, a la República y a la patria. En consecuencia, los sucesores de Al-fonso de Borbón están incapacitados legítimamente para reivindicar ningún título de la monarquía instaurada en 1874 en Sagunto, a consecuencia de la rebelión de otro general traidor a sus juramentos.

Y otro general traidor golpista organizó con su rebelión una guerra, que ganó gracias a la intervención de las potencias nazifascistas dominantes en Alemania, Italia y Portugal, más la colaboración de la Iglesia catolicorro-mana. Se erigió en dictadorísimo y quiso perpetuar su régimen genocida. Para ello designó un sucesor a título de rey en la persona de Juan Carlos de Borbón y Borbón, proclamado rey sumisamente por las Cortes fascistas en cumplimiento de su voluntad omnímoda e indiscutida.

Un reinado instituido de esa criminal manera antidemocrática, sin ningu-na intervención del pueblo, no podía indefectiblemente resultar idóneo. El llamado Juan Carlos I disfrutó del cargo heredado, sin que la sucesión de actividades delictivas fuera denunciada por los tribunales de Justicia que él mismo presidía, ya que la Constitución elaborada por los servilones monár-quicos dispone en  el primer párrafo del artículo 117 que “La Justicia ema-na del pueblo y se administra en nombre del Rey”. Sus administradores son incapaces de acusar de ningún delito a su jefe.

Ha tenido que ser otra nación, Suiza, en donde el rey iba amontonando su fortuna personal, la que denunciara el método fraudulento seguido para in-crementarla. Ahora ya se puede acusar de alta traición a Juan Carlos de Borbón y Borbón, lo mismo que se hizo con su abuelo, y limpiar ese negro capítulo de la historia de España. 

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
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Angiolillo   |2020-09-19 12:10:12
te las sabes todas Arturo, la pedagogía emana de tus artículos y describen
borbónlandia tal como es, espero ver este país libre de esa lacra
Angiolillo   |2020-09-19 12:10:14
te las sabes todas Arturo, la pedagogía emana de tus artículos y describen
borbónlandia tal como es, espero ver este país libre de esa lacra
de tal palo   |2020-09-19 12:10:52
Y otro general traidor golpista organizó con su rebelión una guerra, que ganó
gracias a la intervención de las potencias nazifascistas dominantes en
Alemania, Italia y Portugal, más la colaboración de la Iglesia
catolicorro-mana. Se erigió en dictadorísimo y quiso perpetuar su régimen
genocida. Para ello designó un sucesor a título de rey en la persona de Juan
Carlos de Borbón y Borbón, proclamado rey sumisamente por las Cortes fascistas
en cumplimiento de su voluntad omnímoda e indiscutida.

Un reinado instituido
de esa criminal manera antidemocrática, sin ningu-na intervención del pueblo,
no podía indefectiblemente resultar idóneo. El llamado Juan Carlos I disfrutó
del cargo heredado, sin que la sucesión de actividades delictivas fuera
denunciada por los tribunales de Justicia que él mismo presidía, ya que la
Constitución elaborada por los servilones monár-quicos dispone en el primer
párrafo del ...
de tal palo   |2020-09-19 12:13:14
el primer párrafo del artículo 117 que “La Justicia ema-na del pueblo y se
administra en nombre del Rey”. Sus administradores son incapaces de acusar de
ningún delito a su jefe.

Ha tenido que ser otra nación, Suiza, en donde el
rey iba amontonando su fortuna personal, la que denunciara el método
fraudulento seguido para in-crementarla. Ahora ya se puede acusar de alta
traición a Juan Carlos de Borbón y Borbón, lo mismo que se hizo con su
abuelo, y limpiar ese negro capítulo de la historia de España.
Alf   |2020-09-19 12:21:40
el problema es que el dictadorísimo murió pero dejó a su cria al frente del
cotarro, apoyado en los mismos poderes que sostuvieron la dictadura fascista y
el golpe de Estado, ahora la cria ha quedado al descubierto teniendo que abdicar
y luego huir, pero dejando al frente a su propia cria, que se apoya en los
mismos poderes....económicos y políticos
tarkan   |2020-09-19 14:01:18
Este golfo después de haber estado riéndosse de los españoles honrado durante
¡cuarenta años! ha huido como lo que presuntamente es, un vulgar delincuente,
con la complicidad del jefe del Estado (que no por casuñidad es hijo suyo) y la
del jefe de Gobierno, para ahora, en pardero desconocido seguir riéndose de
todos los españoles bien nacidos. Encima de golfo y putero, cobarde.
EL PERDÍO.  - Con los BORBONES hemos TOPADO,AMIGO SANCHO.   |2020-09-20 14:02:56
No hay más que ver a la CATERVA de POLITICUCHOS,TONTULIANOS y PERIODISTAS
VENDIDOS que APOYAN al CAMPECHANO con su MÁQUINA de CONTAR GUITA para COSTEARSE
sus FECHORÍAS,HARÉN INCLUIDO...SALUT i REPÚBLICA
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