Vasallos soldados

Arturo del Villar

LA fiesta nacional del reino de España se dice en los medios de comunicación de masas que es una corrida de toros, y también que se celebra el 12 de octubre con un  desfile militar, presidido por nuestro señor el rey católico Felipe VI, que Dios nos guarde, ataviado con uniforme de capitán general, en el que brillan las grandes cruces que ha ganado en todas las batallas en las que ha intervenido, a imitación de su lejano antepasado el emperador Carlos.

Resulta que el jefe del Estado español es además el capitán general de los tres ejércitos, porque el punto h) del artículo 62 de su Constitución le atribuye “El mando supremo de las Fuerzas Armadas”, tan del agrado de su majestad católica, que no pierde oportunidad de vestirse de uniforme con toda la chatarra militarista que ha ido ganando con su brazo invicto.

Siendo esto así indudablemente, los forzosos vasallos de nuestro señor heredado a título espermatozoico debemos ser todos soldados a sus órdenes, conforme al primer punto del artículo 30 de su Constitución, según el cual “Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”, y el punto 2 dice que “La ley fijará las obligaciones militares de los españoles”. Somos soldados, por lo tanto, de los ejércitos borbónicos comandados por su majestad el rey católico nuestro señor, nos guste o no, que nadie va a preguntarnos tampoco nuestra opinión al respecto.

Yo no hice el servicio militar obligatorio durante la dictadura, y en consecuencia no juré la bandera bicolor. La bandera que he elegido por mi gusto es la tricolor, la que preside mi casa y defiendo hasta ahora mismo con las armas que sé manejar, las teclas del ordenador. Estoy dispuesto siempre a defender a España de sus enemigos, muy bien conocidos. Los enemigos de España son con toda seguridad los que juraron lealtad al dictadorísimo y fidelidad a sus leyes genocidas, los que perpetúan su régimen criminal con otra denominación, los que condenan a quienes escriben o cantan asuntos considerados ilegales por los jueces servilones sumisos al régimen impuesto, los que impiden al pueblo expresarse con libertad, los que apalean a los republicanos en las manifestaciones, en una palabra, cuantos no permiten la celebración de un referéndum libre para decidir la forma de Estado que prefiere el pueblo.

Asusta recordar que la última vez que el pueblo español pudo votar en libertad fue el 16 de febrero de 1936. Después se sucedieron la rebelión de los militares monárquicos, la guerra ganada por ellos, la ominosa dictadura fascista, y la monarquía fascista impuesta por decisión unilateral del dictadorísimo todopoderoso, aquel que firmaba sentencias de muerte dictadas por sus jueces para que las ejecutaran sus verdugos.

El derecho y el deber de defender a España que nos garantiza la Constitución borbónica a los españoles, nos obliga a reclamar las libertades públicas permitidas en los regímenes que facilitan a los ciudadanos la elección del jefe del Estado, que sea un civil, y no un militar.
Ésta es la primera lección derivada de la celebración de la fiesta nacional, esta vez no en una plaza de toros, sino en la plaza de la Armería. Antes que armas para defender a España reclamamos urnas para dotarla de un régimen garantista de las libertades públicas. 

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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